La
Orden
Rosacruz,
a través
de sus
estudios,
va haciendo
a sus
miembros
hombres
y mujeres
libres.
Libres
de
superstición
y
de
falsas
creencias
que
perjudican
a
aquellos
que
las
tienen
y
hacen
que
sus
vidas
sean
áridos
desiertos
llenos
de
sufrimiento.
Libres
ante
los
embates
de
la
ignorancia
que
ciega
a
los
necios
quienes,
temerosos
de
su
propia
debilidad,
atacan
a
aquellos
que
tienen
una
vida
fructífera
y
llena
de
comprensión.
Libres
de
los
golpes
de
una
existencia
sin
sentido
que
provoca
el
vacío
en
aquellos
que
la
padecen
y
también
libres
para
elegir
su
propio
destino,
cumpliendo
así
con
su
misión
personal
y
ocupando
el
lugar
que
a
cada
uno
nos
está
reservado
en
el
vasto
conjunto
Cósmico.
Debido
a
que
es
el
Conocimiento
el
que
hace
libres
a
los
Seres
Humanos,
la
Orden
Rosacruz
que
imparte
dicho
conocimiento,
desea
que
sus
miembros
sean
seres
libres
en
uso
de
su
propia
voluntad
y
conciencia.
Hacemos
estas
consideraciones
porque
siempre
es
necesario,
y
más
para
que
sea
comprendido
por
los
miembros
recientes
de
la
Orden
Rosacruz,
que
los
Rosacruces
NUNCA
han
pedido
de
sus
miembros
un
comportamiento
determinado,
ni
que
siguieran
una
dieta
fija,
y,
por
supuesto,
nunca
se
han
inmiscuido
en
el
comportamiento
afectivo
y
en
las
interrelaciones
de
sus
afiliados.
Una
de
las
normas
de
la
Orden
Rosacruz,
que
se
ha
mantenido
durante
muchos
siglos,
es
que
nadie
de
nuestra
Fraternidad
se
deberá
ver
obligado
a
vestir
de
una
manera
especial,
conducirse
en
forma
ridícula
o
extraña,
ni
hablar
una
lengua
diferente
a
la
del
país
donde
se
viva,
y
las
costumbres
que,
en
cada
caso,
se
sigan
en
el
mismo.
Es
tanto
el
respeto,
consideración
y
tolerancia
que
han
demostrado
los
Rosacruces
durante
siglos
que,
si
analizamos
la
trayectoria
de
la
Orden
durante
su
Historia,
podremos
observar
que
nuestra
Orden
Venerable
solamente
ha
sembrado
la
Luz
y
la
esperanza
ante
las
cuales
las
tinieblas
se
disipan
y
desaparecen.
NUNCA,
la
verdadera
Orden
de
la
Rosa
Cruz,
ha
propugnado
la
atadura
de
sus
miembros
a
normas
rígidas
de
comportamiento
y
de
existencia,
ni
ha
coartado
la
libertad
de
conciencia
de
ningún
Ser
Humano
ni
de
ninguno
de
sus
miembros.
Por
ello,
de
acuerdo
con
nuestra
Tradición,
no
podemos
pedir
a
los
miembros
de
la
Orden
Rosa
Cruz
que
tomen
una
actitud,
sea
la
que
sea,
ante
el
pensamiento
político,
social,
religioso,
educacional
o
de
cualquier
otro
tipo.
Pero
sí
podemos
analizar
el
proceso
del
despertar
intelectual,
moral
y
espiritual
de
los
miembros
de
la
Orden
Rosacruz
para
facilitar
el
camino
a
recorrer
por
todo
Rosacruz
que
aspira
al
Grado
de
Perfección
sublime
que
conocemos,
en
nuestra
terminología,
como
el
Adepto,
o
si
lo
prefieren
como
el
de
la
persona
que
hace
que
el
símbolo
de
nuestra
Orden
se
incorpore
de
tal
forma
a
su
personalidad
que
se
convierte
en
UNA
FORMA
DE
SER.
En
muchos
tratados
de
la
Orden,
tanto
en
el
pasado
como
en
los
tiempos
actuales,
se
hacen
contínuas
referencia
a
la
Gran
Reforma
que
permitirá
que
se
realice
por
completo
la
Gran
Obra.
En
muchas
ocasiones,
también,
hemos
explicado
que
la
Gran
Reforma
debe
comenzar
en
nosotros
mismos
para
poder
cumplir
en
nosotros
la
Gran
Obra
de
nuestra
regeneración
personal
y
así
colaborar
en
la
Reforma
aquellos
aspectos
que
en
la
sociedad
deben
ser
cambiados
para
conseguir
una
mejora
de
la
misma
y
una
evolución
positiva
de
la
Humanidad
en
su
conjunto,
haciendo
que
nuestra
Tierra
sea
cada
vez
más
justa,
más
solidaria
y
más
fraternal.
Así
contribuimos
a
una
Gran
Obra
de
más
vastas
proporciones,
en
la
que
entra
como
un
conjunto
toda
la
Humanidad
e
incluso
todo
el
Cosmos.
Con
esto
queremos
decir
que
un
Rosacruz
debe
ser
un
miembro
activo
de
este
mundo,
que
la
luz
que
le
es
confiada
para
que
le
ilumine
internamente
y
le
libre
de
la
superstición
y
la
ignorancia
convirtiéndole
en
dueño
de
su
propia
vida
y
en
arquitecto
de
su
destino,
también
debe
brillar
hacia
afuera
para
que
ilumine
la
senda
de
todos
los
que
necesitan
desesperadamente
algo
de
luz
y
de
contento.
Un
Rosacruz
debe
tratar
de
ser
siempre,
en
todas
las
circunstancias
de
su
vida,
un
ROSACRUZ.
Decimos
que
debe
tratar
de
serlo
porque
todo
se
consigue
poco
a
poco;
de
hecho
una
evolución
rápida
y
revolucionaria
puede
provocar
en
nosotros
un
trauma
doloroso.
Es
poco
a
poco
como
el
conocimiento
y
sus
frutos
se
van
aposentado
en
nosotros,
pero
recordemos
siempre
que
el
esfuerzo
por
nuestra
parte
debe
ser
constante.
Las
herramientas
con
que
la
Orden
Rosacruz
dota
a
sus
miembros
son
joyas
preciosas
que
no
se
nos
dan
para
que
las
guardemos
en
un
cofre
sino
para
que
las
utilicemos,
resolviendo
nuestras
necesidades
y
mostrando
a
los
demás
el
camino
para
que
ellos
mismos
puedan
resolverse,
también,
sus
problemas.
Los
Rosacruces,
si
de
verdad
lo
son,
nunca
deben
entregarse
a
una
ensoñación
inútil
y
paralizante,
sino
todo
lo
contrario,
deben
actuar
con
sus
conocimientos
para
ayudarse
a
sí
mismos
y
a
otros
que
pudieran
necesitar
de
su
ayuda.
Es
en
el
campo
de
batalla
donde
el
guerrero
prueba
la
fuerza
de
sus
armas;
es
allí
donde
comprueba
el
temple
del
acero
con
que
fue
forjada
su
espada.
Este
ejemplo
simbólico
nos
muestra
que
es
en
los
momentos
delicados
de
nuestra
existencia,
o
cuando
debemos
prestar
ayuda
a
los
demás
cuando
podemos
comprobar
la
calidad
de
las
enseñanzas
Rosacruces.
Es
el
uso
constante
de
nuestras
facultades
internas
y
externas
lo
que
nos
convierte
en
Maestros
y
no
solo
su
contemplación.
El
Rosacruz,
usando
su
conocimiento,
y
su
esfuerzo
activo,
debe
colaborar
en
la
transformación
de
la
sociedad
de
acuerdo
con
sus
capacidades.
En
algunas
ocasiones
deberá
actuar
firmemente
para
conseguir
que
las
cosas
mejoren
y
en
otras
deberá
permanecer
pasivo
para
no
ser
manipulado
por
seres
egoístas.
Siempre,
dentro
de
lo
posible,
procurará
estar
en
la
justa
armonía
y
proporción
de
las
dos
fuerzas
antagonistas
que
rigen
la
naturaleza,
la
positiva
y
la
negativa.
Pero
de
la
misma
manera
que
muchos
Rosacruces,
en
el
pasado,
lucharon
activamente
para
conseguir
las
conquistas
que
han
permitido
la
evolución
positiva
de
la
Humanidad,
nosotros
también
deberemos
luchar
por
hacer
un
mundo
mejor
que
el
que
hemos
heredado,
para
transmitir
a
nuestros
hijos,
y
a
todos
los
seres
humanos,
algo
mejor,
algo
más
evolucionado
y
más
perfecto;
ellos,
los
que
vendrán
detrás
de
nosotros,
recogerán
la
antorcha
y
seguirán
con
la
sublime
tarea
de
la
transmisión
de
la
Luz.
Debemos
ser
conscientes
que
los
Rosacruces
estudian
para
su
elevación
íntegra
y
total,
y
comprendiendo
que
todo
es
un
conjunto
que
está
armoniosamente
unido
en
todos
los
planos,
debemos
procurar
mejorar
físicamente,
intelectualmente
y
espiritualmente;
recordando
siempre
que
es
nuestra
obligación
moral,
y
fraternal,
compartir
esa
mejora
con
aquellos
que
no
poseen
la
Luz
suficiente
para
poder
evolucionar
por
sus
propios
medios.
Recordemos
siempre,
grabándolo
en nuestra
mente
con letras
de fuego,
que
SI
NOSOTROS
NO DAMOS
LUZ ¿QUIEN
LA DARA
POR NOSOTROS?.
Que
la
Paz
Profunda
more
en
sus
corazones,
en
los
lazos
de
Servicio
en
nuestra
Orden
Venerable.
|