De vez
en cuando
surgen
noticias
en la
prensa,
radio,
y televisión,
en la
que cita
a una
secta,
a sus
desdichadas
actividades,
o a su
desarticulación,
dándosele
un tratamiento,
tal vez
desproporcionado,
habida
cuenta
de las
grandes
cuestiones
mundiales
y locales,
de gran
transcendencia,
que ni
son analizados
en profundidad,
ni se
les da
tan amplio
tratamiento
como estos
sucesos
sobre
desarticulaciones
de sectas
que, en
cuestión
de días,
se desinflan
y desaparecen
como noticias.
Debido
a la actualidad
del tema,
reproducimos
un artículo
de nuestro
Imperator,
en el
que analiza
con detenimiento
tanto
el fenómeno
sectario,
como los
intereses
que subyacen
en el
mismo.
En
muchas ocasiones,
ante preguntas
que se me
han hecho
sobre el comportamiento
de los miembros
de la Orden
Rosacruz en
lo que concierne
a nuestra
institución,
he declarado,
y lo seguiré
manteniendo,
porque es
algo que pertenece
a mis convicciones
profundas,
que los Rosacruces
deben ser
siempre libres
de escoger
sus actos
y sus afiliaciones.
La
Orden Rosacruz
hace continuos
esfuerzos
para que nunca
aquello que
esté
relacionado
con la afiliación
de sus miembros
sea considerado
de naturaleza
sectaria y,
en contrapartida,
esperamos
que los Rosacruces
sepan apreciar
el gran respeto
que tiene
la Orden Rosacruz
por su libertad
de elección.
Sabemos por
experiencia
que los Rosacruces,
que son personas
inteligentes,
saben apreciar
este aspecto
y, en consecuencia,
mantienen,
en su inmensa
mayoría,
un altísimo
índice
de lealtad
a la Orden,
precisamente
por el respeto
que muestra
ella por su
intimidad
y libertad.
El
tema que nos
ocupa está
en candente
actualidad
y con mucha
frecuencia
es noticia
en los periódicos,
radio, y televisión.
Desgraciadamente,
en la cuestión
de las sectas,
los medios
de comunicación
social no
suelen ser
totalmente
objetivos,
ni la cuestión
suele ser
tratada con
suficiente
profundidad.,
lo que nos
hace pensar
que, o bien
no se tiene
un conocimiento
muy preciso
sobre dichas
noticias
y lo que interesa
de su publicación
es su sensacionalismo,
o que hay
ciertos intereses
muy definidos
por parte
de ciertos
grupos sociales,
e incluso
de instituciones
oficiales,
que están
intoxicando
a la opinión
pública.
Con
relación
a esto último
cabe recordar
un suceso
acaecido hace
algunos años.
En esa ocasión
fueron detenidos,
en un céntrico
hotel de Madrid,
algunos integrantes
de la Iglesia
de la Scientología
que estaban
celebrando
una convención.
Ese suceso
fue objeto
de atención
durante varios
días
en todos los
telediarios
y en las primeras
páginas
de los periódicos
más
importantes
de España;
pasados varios
días,
el supuesto
escándalo
fue dejando
de ser noticia
y los detenidos,
que ya estaban
recibiendo
asistencia
jurídica,
fueron puestos
en libertad.
Mientras que
para la mayor
parte de la
gente, que
no reflexionó
debidamente
sobre la noticia,
aquello era
una muestra
evidente del
peligro que
corre la sociedad
con la proliferación
de sectas,
otros, los
más
cuidadosos
en sus análisis,
se hacían
las siguientes
preguntas:
¿Es
que el país
no tiene problemas
más
importantes,
tales como
drogas, paro,
terrorismo,
inseguridad
ciudadana,
etc. como
para que un
suceso de
este calibre,
en el que
se ha demostrado
que han tenido
que dejar
libres a los
detenidos,
ocupe las
primeras páginas
de los periódicos
más
importantes,
y sea noticia
de sumo interés
nacional?
Si
tenemos en
cuenta que
cuando sucedió
este hecho
estaba a punto
de producirse
una huelga
general, que
llegó
a paralizar
al país
por veinticuatro
horas, y que
España
atravesaba
por fuertes
problemas
sociales y
laborales,
es fácil
comprender
que todo este
tinglado
no era otra
cosa que una
cortina de
humo para
desviar la
atención
de los ciudadanos.
Tal
y como sucedían
en la antigua
Roma que para
mantener alejados
de los problemas
a la ciudadanía,
los emperadores
daban al populacho
«Pan
y Circo»
y en otras
épocas
fueron toros
o fútbol,
los gobernantes
trataron,
con una noticia
fútil,
desviar la
atención
de los ciudadanos
sobre los
grandes problemas
y cuestiones
ante los que
se encontraba
el país.
Los
Rosacruces,
al afrontar
cualquier
problemática,
sea de índole
filosófica,
científica,
o social,
debemos ser
veraces y
valientes
por lo que
es conveniente
que, tras
un análisis
de los hechos,
podamos tener
una comprensión
y una opinión
lo más
correcta posible
de las cosas.
Ante
el tema de
las sectas
y su proliferación
debemos empezar
definiendo
aquello que
es una secta
y qué
es lo que
la convierte
en peligrosa,
así
como los mecanismos
sociales que
deben ser
articulados
para evitar
dicho peligro
a la sociedad.
El
significado
etimológico
de la palabra
secta la define
como todo
grupo o asociación
que constituya
una sección
dentro del
conjunto de
la sociedad.
En ese sentido
todo grupo
humano, cualquiera
que sea la
índole
del mismo,
es una secta,
llámese
club social,
agrupación
deportiva,
partido político,
grupo religioso
o empresa
comercial.
En
el sentido
peyorativo,
o despectivo
del la palabra,
una secta
es toda agrupación,
con propósitos
definidos,
que impone
una forma
de pensamiento
y de conducta
a sus miembros
de la cual,
de alguna
manera, obtiene
una ventaja
o ganancias
para la secta
y para sus
dirigentes.
Por regla
general las
sectas transmiten
a sus acólitos,
o al menos
eso es lo
que pretenden,
la convicción
que ellos
son los lo
únicos
poseedores
de la verdad
y que fuera
de la secta
no pueden
encontrar
la salvación,
la justicia,
el conocimiento,
etc.
De
acuerdo con
estos hechos
podemos plantearnos
qué
se entiende,
o qué
es lo que
se nos quiere
hacer entender
por el concepto
de secta:
¿Una
secta lo es
porque tiene
un pequeño
número
de miembros?
¿O
lo es por
su ideología
o acción,
independientemente
que ese grupo
de personas
sea muy amplio
y extendido?
Si
entendemos
como secta
no el número
de sus miembros,
sino su ideología
y actuación,
es conveniente
que nos planteemos
las siguientes
consideraciones:
Se
consideran
sectas a aquellas
agrupaciones
que pueden
producir daño
a la sociedad,
o al género
humano, incluyendo
a sus miembros
¿Cómo
podríamos
definir entonces
a grupos religiosos,
de toda índole,
que cuentan
con centenares
de millones
de fieles
y que han
predicado
o que predican
la guerra
santa, ocasionando
con ello dolor,
muerte y destrucción?
¿Que
podemos pensar
de los diferentes
tipos de ideologías
políticas
que han causado
guerra por
sus aspiraciones
expansionistas,
o por extender
su ideología?
Se
consideran
sectas a las
agrupaciones
que promueven
el fanatismo
entre su integrantes
¿Cómo
podríamos
definir entonces
a ciertas
religiones
de masas que
han perseguido
a los llamados
infieles,
los han torturado,
los han quemado
en hogueras,
y les han
sometido a
la humillación
por causa
de sus sentimientos
religiosos
diferentes?
Se
considera
secta a aquella
asociación
que impone
normas de
conducta a
sus seguidores.
¿Cómo
podemos definir
a las religiones
que imponen
un vestido
determinado
a sus fieles,
que impiden
que las mujeres
puedan mostrar
su rostro,
que les indican
cuando deben
ayunar o comer,
aunque eso
pueda subsanarse
mediante el
pago de una
bula que les
autorice a
comer alimentos
prohibidos
en ciertas
épocas
del año?
¿Cómo
definiríamos
a esas agrupaciones
que regulan
incluso el
comportamiento
sexual de
sus acólitos?
¿No
es cierto
que esas agrupaciones
mantienen
órdenes
religiosas
en la que
los monjes
deben renunciar
a su patrimonio,
que deben
obedecer a
sus superiores,
que pueden
dormir poco,
y comer lo
que les ordena
la comunidad,
y que se les
priva de todo
contacto sexual,
lo que deriva
en muchas
aberraciones?
Se
llaman sectas
a aquellas
agrupaciones
que piden
trabajo voluntario,
y sin remunerar,
a sus miembros
¿Cómo
definir entonces
a las religiones
y a los partidos
políticos
que obligan
a sus militantes
a trabajos
en favor de
su asociación,
sin pago alguno,
y en el nombre
de los ideales?
Se
dice que las
sectas tratan
de conseguir
ganancias
materiales,
para la asociación
o para su
dirigentes
¿Es
acaso lícito
que una religión
pida a sus
fieles que
les dejen
sus bienes
en testamento,
como garantía
de que alcanzarán
el paraíso,
o bajo de
amenaza de
ir a parar
de cabeza
al infierno?
¿Cómo
consiguieron
esas religiones
tantas riquezas
que harían
ruborizarse
de vergüenza
a los profetas
si volvieran
a la vida
y viesen lo
que se ha
hecho en su
nombre?
¿Es
honrado que
muchos partidos
políticos,
de todo signo,
utilicen el
tráfico
de influencias
para conseguir
financiación
ilegal para
mantener sus
aparatos,
y para el
enriquecimiento
de sus dirigentes?
¿No
es eso sectario?
Aunque
esas consideraciones
son de mucho
peso no debemos
por ello perder
de vista lo
esencial y
no podemos
engañarnos
al respecto.
Es cierto
que pululan
en la actualidad
muchas sectas
de carácter
dañino,
de pocos y
de muchos
asociados,
y la sociedad
debe protegerse
y proteger
a los ciudadanos
de ellas;
para ello
se deberían
articular
normas y leyes
justas que
garanticen
a los ciudadanos
su protección
física,
mental, moral,
e ideológica.
Primero
se debe partir
del principio
de igualdad
ante la ley,
eso quiere
decir que
deben ser
investigadas,
o controladas,
todas las
asociaciones,
independientemente
del número
que las compongan
o de si son
débiles
o verdaderos
poderes fácticos.
Después
se deberían
regular la
edad legal,
en la que
se supone
que la persona
es libre para
elegir su
asociación,
que deberían
coincidir
con la mayoría
de edad legal
en cada país.
Se
debería
regular, también
la forma de
financiación
de toda asociación
que, en ningún
caso, debería
ser financiada
o patrocinada
por el estado
ya que la
asociación
debe ser libre
e independiente.
Al
mismo tiempo
se deben pasar
auditorías
a las cuentas
de toda asociación,
sea religiosa,
política,
deportiva,
ciudadana,
filosófica,
etc. verificando
escrupulosamente
su contabilidad,
así
como los justificantes
de ingresos
y de gastos
de mantenimiento
de la asociación.
Estas y otras
normas de
control razonable
evitarían
que muchas
agrupaciones
peligrosas,
que muchas
sectas, pudiesen
proliferar
ya que se
verían
en la imposibilidad
de hacer y
deshacer a
su gusto,
por lo que
no pondrán
tanto interés
en controlar
la conducta
de sus seguidores.
Todo
Rosacruz debe
ser libre,
pensar como
querría
que se desarrollase
su vida, no
verse coartado
por ninguna
imposición
arbitraria,
vivir una
vida natural
en la que
no se le imponga
ninguna forma
de comportamiento
en el vestido,
en la comida,
en el descanso,
en sus pensamientos,
en su sexualidad,
o en cualquiera
de sus manifestaciones
normales y
naturales.
Es
muy importante
que los Rosacruces
tengan criterio
propio; que
por ellos
mismos determinen
su opinión,
que sepan
distinguir
por si mismos,
y que su conocimiento
de las cosas
les haga libres
de las garras
de la ignorancia
y de la opresión
de pensamiento.
Estas
consideraciones
sobre las
sectas, y
sus líneas
de acción,
podrán
ayudarles
en su reflexión
para que,
en uso de
su sabia libertad,
puedan determinar
cuando actúan
con conocimiento
de causa,
o cuando son
intoxicados
por opiniones
interesadas.
¡Que
la Paz Profunda
more en sus
corazones!
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