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Fratres y Sorores:
En la Sede Soberana de la Orden Rosacruz, hemos
recibido muchas llamadas telefónicas,
cartas, y notas diversas, en la que nos preguntan
sobre la gran profusión, o proliferación,
de programas de televisión, anuncios,
programas radiofónicos, etc, en los cuales
se dice que tienen por finalidad la divulgación
de las paraciencias, las ciencias ocultas, y
el esoterismo en general.
Muchos de los que se han puesto en contacto
con nosotros son miembros recientes de la Orden
que, por no tener aún mucha experiencia,
tratan de saber, de las fuentes más fiables,
hasta donde pueden admitir de aquello que se
divulga de manera tan prolija.
Una de las tradiciones Rosacruces es la de ver
lo bueno que hay en todas partes, hasta tal
punto que pedimos a todos los miembros de la
Orden Rosacruz que cuando, en nuestros Triángulos
o Logias, emitan su opinión sobre otras
personas, u otras instituciones, traten de estar
bien informados, y digan lo que tienen de bueno
y que en caso de que no haya nada positivo o
que, incluso, pueda haber algo negativo, se
les indica que es preferible que callen.
No obstante no podemos ser tan ingenuos como
para pensar que debemos abrirnos por completo
a todas las opiniones que, sobre las llamadas
ciencias ocultas, o cualquier otro tema, se
emitan o se divulguen.
A nadie sensato se le ocurre dejar la puerta
de su casa abierta con un cartel que diga: «Que
entre quien quiera y, aquí dentro, que
haga lo que quiera.»
Cualquier persona con sentido común solo
deja que entren en su casa los que le agradan
o aquellos que se sabe, en principio, que no
tienen intenciones de aprovecharse de nuestra
buena fe aunque, muchas veces, es inevitable
llevarse alguna sorpresa precisamente, en la
mayor parte de los casos, por eso: por imprudencia
en nuestro trato con los demás.
Es por esta razón por la que, para proteger
la buena fe de nuestros miembros, sobre todo
de los recientes que pueden ser sorprendidos
en sus buenas intenciones, vamos a hablar claro
sobre esta especie de «Corte de los Milagros»
que parece haberse puesto de moda.
Ha de comprenderse que, por una parte, al emitir
opinión sobre ciertos temas de los que
vamos a hablar ahora, lo hacemos con el conocimiento
y la experimentación avalada por muchos
años de estudio de esta temática,
además del conocimiento secular que nos
aporta la Orden, así como que, por otra
parte, sentimos un cierto pudor al encarar estas
cuestiones de una manera descarnada y real pero,
desafortunadamente, a veces, es necesario poner
las cosas en su sitio y, por ello, ya que tenemos
un compromiso de difusión de la Luz Mayor,
en esta ocasión lo haremos.
He de comenzar diciendo que siento un respeto
absoluto por toda creencia, y por todo tipo
de práctica, o de manera de pensar, pero
ello no implica que no sepa reconocer que, en
la mayor parte de los casos, cuando hablamos
de negocios fundamentados en la venta de objetos
mágicos, o en los servicios prestados
por las artes adivinatorias, o en ciertos programas
de divulgación de paraciencias, lo que
aparece en primer término es la ignorancia,
del que compra, y del que vende porque, en última
instancia, de eso se trata.
Conozco una tienda de venta de artículos
de brujería que se anuncia así:
«La tienda de los brujos, toda clase se
artículos esotéricos para la salud,
el dinero, y el amor». Lo primero que
salta a la vista, además de lo de tienda
para brujos, es que dicen vender artículos
esotéricos, lo que denota una ignorancia
supina sobre lo que significa la palabra esotéricos,
o que pretenden engañar a los ignorantes
con una palabra que, para ellos, quiere decir
algo misterioso.
La palabra esotérico deriva del griego
clásico y quiere decir: conocimiento
interior, o un conjunto de conocimientos reservados
para personas muy selectas.
Dicho lo cual cabe preguntarse: ¿Que
tiene que ver lo esotérico con la venta
de objetos para hacer magia, creyendo que eso
puede dar más salud, dinero, y amor?.
Si los que escuchan este mensaje tuviesen la
ocasión de ver el escaparate de esa tienda,
podrían observar objetos tan curiosos
como pequeñas figuras de plástico
transparente que representan a un Buda barrigón,
en cuyo interior, en el vientre precisamente,
tiene incrustada una cruz de Caravaca, con lo
que, de nuevo, surge una pregunta: ¿Que
tiene que ver Buda con la Cruz de Caravaca,
por muy milagrosos que fuesen Buda o la citada
Cruz?.
Claro que para los supersticiosos clientes de
esa tienda siempre hay una explicación
cuando, como algo fuera de lo habitual, alguien
hace esa pregunta: «Así, le dirán,
se une la fuerza astral de lo oriental y de
lo occidental». Y si no están contentos,
pues, otra cosa.
Da verdadera vergüenza escuchar anuncios
en la televisión en la que pretendidos
videntes, que dicen, incluso, ser consultores
de la alta sociedad, y hasta de la realeza,
que, unas veces vestidos de paisano, y otras
con túnicas extravagantes, anuncian sus
horóscopos en números de teléfonos
cuya tarifa depende del tiempo que se esté
comunicando con esa sección.
Hacer creer a los ingenuos que el horóscopo
que repite una cinta magnetofónica, al
otro lado del hilo telefónico, con la
voz del pretendido vidente, es un horóscopo
personalizado cuando, en la realidad, no tiene
más valor que el horóscopo que,
diariamente, aparece en las páginas de
todos los periódicos del mundo, es, como
mínimo, un engaño a las personas
que, por ignorancia, por necesidad, o por buena
fe, acuden a este tipo de consultas.
Presentar la astrología, una ciencia
tan venerable, de esta manera, es una burla
descarnada para quienes han dedicado muchos
años de su vida a conocerla, hasta llegar
a hacerse conscientes de los muchos detalles,
tales como día, hora, minuto, siempre
de acuerdo con la hora solar, así como
la situación geográfica donde
nació la persona e, incluso, las condiciones
de la misma, que son necesarios para levantar
un horóscopo correcto que, en síntesis,
está mucho menos relacionado con artes
adivinatorias como con el conocimiento preciso
de las circunstancias cósmicas que acompañan
la vida, y la evolución de la persona.
Más curioso todavía supone el
escuchar a estos vividores presumir de espiritualidad
pero, eso sí, haciendo propaganda de
sus consultorios de videncia donde, a los que
van a que se les lea el futuro se les cobran
unos precios altísimos.
Si de verdad fuesen tan espirituales no comercializarían
un don que les es concedido como un bien precioso.
Por otra parte, si de verdad conociesen las
Leyes Cósmicas, entre las que destaca
la Ley de Causa y Efecto, la Ley del Karma,
según la cual recibimos lo que hemos
generado, no se atreverían a echarse
sobre sus espaldas la enorme responsabilidad
que supone decir a otros lo que pudiera llegar
a acontecerles, lo cual es muy discutible, y
además indicarles lo que deben o no deben
hacer, cobrándoles, por añadidura,
fuertes cantidades de dinero.
Para mi es muy incómodo que alguien me
cuente que ha visitado a un vidente, a un echador
de cartas, o a una pitonisa. Pero cuando no
tengo más remedio que escuchar a quien
eso me cuenta, hasta ahora, lo que he podido
constatar es que no han acertado ni una sola
vez, excepto las cosas de lógica que
cualquier buen psicólogo, u observador,
puede deducir de su interlocutor.
Ya el colmo es cuando un vidente, o una vidente,
en una especie de consulta colectiva, dice a
un nutrido grupo de personas en un plató
de televisión, cómo son, y lo
que les pasará. Siempre dicen lo mismo,
que sirve para todos, y en lo que todos están
de acuerdo: «Ud. es una persona muy evolucionada
aunque aún no se ha dado cuenta (eso
todos lo aceptan) Ud. tiene un enemigo oculto
(todos se lo piensan porque es posible que así
sea) A Ud. no le comprenden porque tiene elevadas
aspiraciones espirituales (¿Quién
no se ha sentido incomprendido alguna vez?)
Ud. hará un viaje (No dicen si interior
o exterior, aunque todos los hacemos en ambos
sentidos) y así sucesivamente mientras
histéricos e histéricas, fascinados
por la puesta en escena, asienten, o prorrumpen
en sollozos.
En esta parafernalia no puede faltar el presentador
del programa, que dice muy serio que la calidad
de la cadena televisiva que representa ha hecho
posible este impresionante testimonio (¿Qué
iba a decir si no?) y que están al servicio
de la divulgación de las paraciencias
y el ocultismo (¿No será que están
al servicio del espectáculo, de lo comercial,
y de la notoriedad?)
Lo que clama al cielo es cuando se presenta
un curandero en televisión, que dice
ser poseído por un espíritu, y
comienza una serie de prácticas, como
mínimo cuestionables, que dan falsas
esperanzas a los desahuciados o a sus familiares
que ven este lamentable espectáculo por
la televisión y en el que, al final,
piden «donativos» para el curandero
o para hacer un centro de sanación donde
se seguirá pasando consulta y cobrando
honorarios.
Tremenda es la responsabilidad de los que se
atreven a hacer prácticas de ouija en
programas televisivos, sin tener en cuenta que
pueden ser vistos por niños que, inocentemente,
se exponen a repetir lo que han visto, sin ningún
control y conocimiento, con los riesgos que,
para su salud psicológica, arrastran.
Llegan a decir que son extraterrestres quienes
se están manifestando por medio de un
vaso en movimiento que marca letras sobre una
mesa, o sobre una superficie lisa.
En ninguno de los mensajes que he visto, por
asistir personalmente, como investigador del
fenómeno, o que he leído, se dice
nada nuevo, que no diga cualquier persona, o
que no se encuentre recogido en libros de ética,
moral, o religiosos: «Sed buenos; elevad
vuestros espíritus; etc. etc».
El sumum de los despropósitos es cuando
se ponen a profetizar grandes catástrofes,
como olas gigantescas, terremotos, choques interplanetarios,
y que una flotilla de naves interestelares vendrán
a salvar a los evolucionados (ellos, por supuesto),
lo cual recuerda a alguna de las sectas milenaristas
que dicen que se salvarán 144.000 justos,
que, naturalmente, son los que pertenecen a
la secta, etc, etc.
De todas las profecías de este tipo,
que hayan dado fecha precisa ya pasada, no hay
una sola demostración de que haya sucedido
nada de lo profetizado. En otro mensaje del
Imperator, que trata de este tipo de profecías,
se dan datos y fechas precisas, así como
detallen que demuestran que tales profecías
son una falacia.
Y como colofón, las personas que, en
cuestionables regresiones hipnóticas
televisivas, dicen ver a Jesucristo y transmiten
su mensaje, cuando lo que habría que
preguntarse, a la luz de múltiples detalles
de tan deplorable espectáculo, es si
esas personas son estables o si padecen de algún
tipo de patología psicótica. ¿Cuales
son los intereses de los hipnotizadores que
se prestan a estas practicas?
Pareciera que hay una especie de grito silencioso
que estuviese diciendo ¡VALE TODO! en
una desenfrenada carrera por medrar y obtener
ganancias, tanto de tipo pecuniario, como de
popularidad y, cualquiera sabe si de otra clase
menos confesable aún.
Esto recuerda a lo acontecido en el siglo XVII
en el que los pícaros, miserables sin
esperanza, buscaban afanosamente encontrar ventaja
de la buena fe de sus víctimas, y de
la ignorancia bonachona de aquellos a los que
atropellaban.
Si estos pícaros utilizasen sus esfuerzos
e inventiva en cosas productivas, la sociedad
viviría mejor, y ellos encontrarían
más satisfacciones pero, desafortunadamente,
merced a la desorientación que se está
produciendo por el cambio de mentalidad, o el
traspaso de una civilización ya caduca
en otra más elevada, hay un desconcierto
tal que permite la proliferación de estos
pícaros que ven en la sociedad desprevenida
una especie de patio de Monipodio donde pueden
ejercer sus trapacerías.
Ninguna persona sensata, y mucho menos un Rosacruz,
debe dejarse enredar por este tipo de prácticas.
En verdad, Fratres y Sorores, que somos muy
afortunados al contar con una guía tan
segura como son nuestras enseñanzas que,
como un faro luminoso, nos permite ver la realidad
de las cosas, tanto en el plano material como
en el espiritual.
Que la Paz Profunda more en sus corazones.
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